¿Cómo son los bebes por dentro?
La vida en pareja tiene una explicación meramente evolutiva: fue el resultado de una contradicción que parecÃa insoluble; el crecimiento paulatino del tamaño del cerebro del feto en una época –hace dos millones de años- en que el homÃnido se empieza a poner de pie fue, desde un punto de vista energético, un avance fabuloso, pero, desde un punto de vista fisiológico, acarreó un estrechamiento de la pelvis.
La contradicción de un cerebro cada vez mayor y una pelvis cada vez más estrecha sólo tenÃa una solución: que el feto naciera prematuro. Y es lo que ocurre, nacemos prematuros. Un ser prematuro es un ser absolutamente indefenso y por eso necesita el cuidado de dos, porque uno solo no puede.
Hasta ahora no sabÃamos nada de lo que les pasaba a los bebés por dentro. Resulta que una de las primeras cosas que hemos descubierto en la irrupción de la ciencia en los procesos emocionales es que casi todo se decide desde que el bebé está en el vientre de la madre y hasta que tiene cuatro o cinco años. Cuando digo casi todo, se deciden dos cosas que hemos aprendido a identificar y que son fundamentales en la vida de cualquier persona. Una es un cierto sentimiento de seguridad en uno mismo que permite lidiar con el enemigo más atroz que tenemos los homÃnidos: el vecino, el otro homÃnido. No hay desafÃo mayor en la vida que el del otro homÃnido.
Los grandes especialistas neurólogos de la inteligencia explican claramente que la inteligencia es un subproducto de la relación social. Lo que nos hace inteligentes es el contacto con los demás, es el tener que intuirlo que está pensando o cavilando el cerebro del que tengo enfrente; no sea que me quiera ayuda y no sepa cómo , no sea que me quiere manipular y lo sepa demasiado bien. Necesitamos una cierta autoestima para poder, en su dÃa irrumpir en el resto del mundo, el de los mayores.
Las segunda cosa importantÃsima que hemos descubierto en los bebés es la curiosidad, que no hay que perder nunca. La curiosidad para lidiar adecuadamente en lo que todos estamos empeñados, aunque no lo queramos admitir, que es conseguir el amor del resto del mundo. Cuando eres pequeñÃn, la tieta, la abuela, el padre, la madre, hasta la vecina, todos dicen que eres fantástico, que tienes unos ojos que se los comerÃan, que eres el más alto, el más inteligente… Pero cuando sales de casa, hay que demostrarlo.
La gente no lo da por hecho, ni mucho menos. Y es esta negociación maternal, este afecto primario que se desarrolla hasta los cinco años, que te puede dar la suficiente curiosidad para seguir profundizando en el conocimiento de las cosas y de las personas cuando irrumpes en el mundo de los mayores. Porque puede ocurrir, y ocurre todos los dÃas, que llegues a este mundo con una cierta indiferencia: No me atrae nada, no me gusta ni Rajoy ni Zapatero. Puede ocurrir que lejos de serte indiferente, te cree cierto rechazo, no quieras saber nada de este mundo que te rodea. O puede suceder, como pasa una vez por mil, lo que ocurre con los psicópatas, que llegues a este mundo de los mayores con ánimo de destruirlo en lugar de acariciarlo.
O sea que uno de los descubrimientos esenciales en esta reflexión es la importancia del entorno afectivo que perdura desde la concepción hasta, más o menos, los cinco años.
Autor: Eduardo Punset
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